Ocasionalmente suelo estar como
colaborador en diversos programas de la Irola Irratia de Bilbao (107.5 FM), los
que son Colapso FM y Rapmadan. Colapso FM es un programa que sirve para poner
en las ondas al propio colectivo colapso y sus diversos eventos. Es un programa
centrado en el rock pesado y podéis escuchar los programas en este link. Por
otro lado Rapmadan tiene el foco en la música negra y siendo más concretos en
el rap de calidad. Cada programa resulta un sorprendente viaje desde las raíces
del genero (Soul, Funk, Jazz), pasando por los pioneros del rap en los años
70-80, culminando en los gloriosos años 90 y sacando a la luz alguna joyita
actual como cierre. Sin duda el programa aporta mucho al oyente poco informado
en este particular género llamado rap, aportándole una base solida de artistas
y canciones para su correcta educación en el género. El oyente avezado también
verá estimulados sus oídos, al descubrir artistas que se salen de las
corrientes principales del género pero con una calidad incuestionable.
En cuanto a mí, he tratado de
aportar mi pequeño granito de arena a dicho programa trayendo de vez en cuando alguna canción de
las básicas de la música negra: Desde Duke
Ellington a Funkadelic pasando
por Wilson Picket. En cuanto al rap,
también he dejado caer algún que otro hit de vez en cuando. Por lo tanto, sin mas dilación, os
adjunto en un link de descarga de todas las canciones que yo mismo he hecho sonar
para las ondas de Bilbao. Disfrutadlas.
¡Vuelve el “alma” a Vanishing Rock!, y lo hace de la mano
de un nuevo recopilatorio, el segundo en este caso, de la serie de volúmenes
dedicada al soul.
La expectación era máxima –lo
sabemos. Después de la primera sesión, los fanáticos de la Jukebox no podían dejar de menearse. Llegaban a sus casas
desesperados, ansiosos. Ningún programa de radio calmaba su sed de buena
música, ningún disco compacto sonaba como esa maldita máquina de los demonios.
“¿Qué remedio?”, se decían. En sus mentes, resonaban los vientos de mil
trompetas alocadas, y hombres de traje y mujeres con vestidos movían sus
esqueletos en una danza sin fin. La pista de baile echaba humo, la bola de
discoteca no dejaba de dar vueltas y los vinilos, acariciados por la aguja,
giraban y giraban y seguían girando.
Pero ya es hora de despertar. La
fiesta regresa a vuestro blog más querido. ¿A qué esperáis? Sacad vuestros
mejores trapos, limpiaos los zapatos y llenad vuestra petaca de algo destilado.
Esta sobredosis de pildorazos no os va a defraudar. Os lo aseguro. Una colaboracion más del mago Keirrison para Vanishing Rock
¿Un grupo de garage rock con voces Soul? Puede
sonar extraño pero Royal Headache se
atreven con ello, consiguiendo un resultado sorprendentemente adictivo.
Estamos
ante un grupo que consigue diferenciarse de otras bandas gracias al
vocalista, que literalmente arrolla y busca destruir todo a su paso, con una versatilidad y potencia que haría estremecerse al mismísimo Rod Stewart. Con la fuerza Wilson Pickett y la inmediatez de The Jam, podemos tener una imagen aproximada
de lo que es Royal Headache.
Un disco que busca tocar las emociones primarias
y los sentimientos más básicos del oyente, convirtiendo la escucha en un
ejercicio muy placentero. Canciones que suenan urgentes y apresuradas, quizás con
la consciencia que el tiempo pasa deprisa y merece la pena aprovecharlo al máximo. Quizas a primera vista uno puede pensar que es una copia australiana de The Strokes, pero nada más lejos de la realidad, ya que el disco acaba dejando un poso mucho más auténtico y nos muestra un sonido que aunque comparte similitudes es diferente en muchos aspectos.
Empezar con ‘Never
Again’ es toda una declaración de intenciones y un perfecto esbozo de lo
que nos ofrecerá el grupo en el resto del álbum. Las guitarras suenan afiladas
y con mucha potencia, siendo el complemento perfecto para la voz rasgada que
nos regala Evan Minsker.
La arrebatadora fuerza de 'Girls', que en apenas un minuto y medio consigue dejar exhausto
pero enfervorecido al oyente, desbordado del ansia que transmite el tema, capaz de devolver un
segundo golpe mucho más fuerte que el inicial. Nos encontramos con los últimos 30 segundos del tema que
son jodida magia y música de quilates, mostrándonos una fiereza brutal.
'Down the
Lane'
tiene una línea vocal proveniente del Soul más clásico, que deja un sabor de boca
maravilloso. Uno no puede dejar de pensar en la crudeza que buscaba transmitir Otis Redding a finales de los sesenta,
y verla replicada con toneladas de distorsión por parte de unos chavales resulta magnífico.
Estos australianos nos regalan un álbum vitalista
que captura la energía de una banda joven en la mayor de sus efervescencias
creativas. Un disco que sirve para sentirse siempre jóvenes, o al menos para recordar
que algún día lo fuimos y muy pronto no lo seremos. 26 minutos o toda una vida.
Disfrutadlo.
Los Temazos:
Never Again, Surprise, Girls, Down the
Lane, Honey Joy.
Un personaje de la
categoría de Rico McClarrin dijo en una de sus mágicas veladas que el blues
consiste en las raíces (“the roots”) y el soul en el fruto (“the
fruits”). En realidad venía a introducir una versión de un tal Bill
Withers, de “Use me” en concreto, después de haberse marcado otra de
Howlin´ Wolf. Quería, así, dar el salto de una etapa, de un estilo o tal
vez de una forma de entender la música a otra. Y puesto que este polifacético
actor y showman de la escena conoce ambas a la perfección, la fiesta,
por supuesto, no decayó.
Uno se pregunta, sin
embargo, si el soul de Bill Withers (Slab Fork, West Virginia,
1938) acaso no es también algo más que lo que conocemos como soul. Ya a
principios de los 70’ era común la denominación de “rey” para la canonización
de una estrella de la música. Withers, pese a su inmediato éxito, jamás se
arrogó dicho título. A su paso por Columbia, y como bien es sabido entre sus
seguidores, abandonó su carrera. Lo hizo para dedicarse a su familia y sus
amigos. Corría el año 1985. En el documental que trata sobre su vida, Still
Bill(2009) confesó que le había interesado continuar en el negocio por un
tiempo, siempre y cuando no participase en el juego de la fama. “Pero no me
salió muy bien. El juego de la fama me pegó una buena paliza.” Y es que ese
juego es precisamente lo opuesto al alma de este autor y a su manera de sentir
la música.
En aquella época, Withers
ya era todo un icono musical en Norteamérica y sus canciones habían sido objeto
de múltiples versiones (por parte de Michael Jackson, Tom Jones, Barbra
Streisand, Paul McCartney y Mick Jagger entre otros). Hijo de un
minero y de una chacha, el menor de seis hermanos, perdió a su padre a los 13 y
se alistó en la marina a los 17, de donde volvió tarareando canciones y como un
experto instalador de lavabos y baños. En 1967 aparcó en Los
Ángeles. Sus demos autofinanciadas en la Watts 103rd Street Band
lo revelaron a Ray Jackson, quien mandó algunas de sus canciones a
Sussex, y es allí donde grabó su primer disco. Su productor fue el gran Booker
T. Jones y en dicho álbum, Just As I Am(1971) se incluían ya
esos míticos himnos de la generación de principios de los 70’ que son “Ain´t
No Sunshine” y “Harlem”.
Este Bill Withers -Live At Carnegie Hall(1973), grabado en el legendario teatro de
Nueva York, sigue al segundo de sus discos, el emblemático Still Bill
(1972), y recoge casi en su totalidad la grandeza de ambos sin apenas
detrimento. Aquí su soul se muestra, en efecto, como un acontecimiento
único e irrepetible, tan lejos de los Grammy como de los Halls de la Fama, tan
lejos de las listas de éxitos como de la élite musical de aquel momento. Pocos
trabajos en directo han logrado lo que éste: mantener el espíritu musical vivo,
radiante, frente al predominio del trabajo de estudio. Ciertas piezas suenan,
de hecho, como nunca antes las habíamos oído: el bis del mencionado “Use me”
parece cosa menor, es cierto; pero la ralentización –y el groove– de “Grandma´s
Hands”, por ejemplo, resultan simplemente excepcionales.
Y qué decir del resto. A
diferencia de los álbumes previos, éste tiene como acompañamiento una ligera
pero envolvente ola de cuerdas y vientos, con la que el conjunto no pierde, no
obstante, en sobriedad, mientras que gana en sofisticación. Algunas de sus
canciones tienen un tono funk, otras un aire más folk; algunas
proceden de aquellas iglesias negras que fueran la cuna del soul; otras,
de un círculo formado alrededor de una hoguera que crepita en mitad de la nada;
pero el todo permanece humano, la letra cruda y cálida a partes iguales, y el
corazón honesto.
“World Keeps Going
Around” incluye, además, esa soberbia progresión cuya línea de bajo y cuyos
punteos de guitarra quedarán grabados en la memoria; “Lean on me”, por
otra parte, es sin duda, junto a “Use me”, uno de los himnos ya
recogidos en su anterior Still Bill y, por qué no, también el de
toda una época; y “Lonely Town, Lonely Street”, por mencionar tan sólo
una más, es de nuevo una demostración del grubazo de Withers y de su
impresionante maestría compositiva, vocal e instrumental –además de ser una
particular visión de la soledad propia de las grandes ciudades de nuestro
tiempo.
Así pues, Withers no sólo
impregna de personalidad y carácter cada tema, cada acorde, cada gemido
incluso, sino que además consigue, en el desarrollo de un mismo concierto,
plasmar toda esa constelación de emociones y pensamientos que lo definen y que
lo han consagrado como referencia esencial en la historia de la música
contemporánea.
Recomendamos darle al
menos una oportunidad, porque es probable que el condenado Bill Withers
sea, aparte de un modelo de dignidad e integridad moral, el mortal con el más
grande y más auténtico groove que ha pisado esta tierra. En solitario,
con tan sólo su voz y su guitarra, sería ya capaz de producir en nosotros ese
escalofrío de entusiasmo y alegría que su carisma y su talento generan. Y qué
mejor que abandonarse a él siquiera por unos momentos. Como un músico sin par,
como un artista genial y, sobre todo, como un verdadero amigo, como uno de los
mejores amigos que nos ha dado la música, él nos acompaña. Y así, mientras el
mundo siga y siga dando vueltas, ahí estará nuestro Bill, todavía Bill: siempre
Bill. Esperamos que os guste.
(Agradecemos una vez más
a Keirrison por otra de sus colaboraciones
para Vanishing Rock)
Los Temazos:Use Me, Friend of Mine, Ain’t no Sunshine, Grandma´s Hands, Lean on Me,
Lonely Town Lonely Street
He aquí reunidos los temazos que toda fiesta
necesita para funcionar. La Jukebox os deleitará -por primera vez en la
historia de este blog- con sus vinilos de otro tiempo, con su espíritu
despierto y descarado, con su sonido arisco a ratos, pero siempre mágico. Una
moneda basta para hacer vomitar a este trasto todo lo que tiene en su interior.
Perfecto para los ratos en los que no os sentís a gusto con vuestra propia
época, para cuando os preparáis para salir pero aún no sabéis a dónde, para
cuando no tenéis qué pinchar y os asalta una visita inesperada. ¿Compromiso,
entuerto o mal rollo? Descuidad. Ya no tendréis que ingeniároslas más para
intentar parecer los putos amos. La música os hará arder en ganas de saltar
rápidamente a la pista, de cerrar los ojos y de mover los huesos al ritmo de
estos enérgicos cartuchos –asegurado. Volumen primero de la Jukebox de
Vanishing Rock, que ponemos a disposición tanto de asiduos como de visitantes
pasajeros. ¿A qué esperáis, chavales? ¡Echad ya la maldita moneda! La juerga de
esta noche os saldrá más barata que nunca. Palabra de Vanishing Rock.
El
alquimista Keirrison nos trae sus mejores clásicos para el disfrute del
personal. Ha buscado en los sótanos mas oscuros y se ha paseado por los bares
mas sórdidos de la ciudad para que podáis disfrutar de un material de primer
nivel. Puede que algunas canciones tengan una baja calidad de sonido, pero ello
se debe a que son temas descatalogados o muy difíciles de encontrar por la red.
Un recopilatorio de exitazos del pasado que hará las delicias de aquellos que
disfruten de los sonidos añejos y la buena música.
Llevo un mes escuchando sin parar este disco. Wilson Pickett fue una de las estrellas
en el mundillo del soul en la década de los sesenta, una época en la que tuvo
que estar a la sombra de grandes artistas del género como Otis Redding o Aretha
Franklin. Pero si nos referimos a ese soul más agresivo y auténtico, Wilson
Picket era el referente absoluto. En aquellos días en los cuales todo lo que
sonaba por la radio era excelente, llegó Wilson a Memphis en 1965 para crear
una interminable colección de canciones para la historia. Comenzó a trabajar en
sello Stax, la mítica fabrica de éxitos de de los sesenta produciendo un clásico
tras otro.
Con una voz tan potente como la de Otis, y con
bastante garra, nos encontramos a uno de los mejores vocalistas de soul de su
tiempo. En este The Exciting Wilson
Pickett, encontramos la mejor colección de canciones de su carrera, un
disco muy versátil que hará las delicias de todo tipo de público.
De este álbum, no hay que dejar de escuchar increíbles
canciones como 'Ninety-Nine And a Half (Won't Do)',
que salía ambientando la magnífica película Una Historia del Bronx con esa increíble
potencia, avecinándose un poco a la tendencia que seguiría la música negra en
los siguientes años. Hay que estar muy atentos al clasicazo 'In the Midnight Hour', un tema que
popularizó Wilson Pickett y que posteriormente muchas bandas versionaron. Pero
mi debilidad particular es 'You're So
Fine', versión de una canción de soul clásico por la cual no pasan los años. Para mi
es la mejor del disco. Aquí también esta la mítica ‘Land of 1000 Dances’ cuyos coros todo el mundo conoce y
seguramente os sonará bastante.
Años después Duane
Allman, el guitarrista de los Allman Brothers colaboró para uno de los éxitos de Wilson, versionando 'Hey Jude' de los Beatles, yjuntos lograron
una magnífica fusión de rock y música negra. Atentos al solo final de guitarra que
se marca Duane por que es excepcional. Suele ocurrir que algunos discos de soul
sesentero tienen un par de hits impresionantes y luego muchas canciones de
relleno, pero este disco de Wilson Pickett es compacto y rebosante de calidad
por los cuatro costados. Sin entrar en el componente político que tomaría el
soul a finales de los 60, este es un disco festivo y alegre, con canciones
joviales y vitalistas, perfecto para pinchar al mayor volumen
posible. Wilson Picket no os va a decepcionar.
Los Temazos:
Land of 1000 Dances, Something You Got,
634-5789 (Soulsville U.S.A.),
You're So Fine, In The Midnight Hour, Ninety-Nine And a Half (Won't Do)
El disco que os traigo hoy es una de las joyas ocultas de los 70, un disco poco conocido pero que va a hacer las delicias de aquellos que buscan sonidos de calidad. Eddie Hazel fue durante la década de los 70 el guitarrista principal de las míticas bandas Funkadelic y Parliament, y es considerado como uno de los pioneros en usar guitarras pesadas en el funk.
Estamos hablando de un artista que no fue muy prolífico. Colaboró ampliamente en los 3 primeros discos de Funkadelic a comienzos de los 70, y después, tuvo diversos problemas con las drogas y la ley. Aquellos hechos hicieron que se distanciara mucho de la banda y apenas aportase mucho material al grupo. Su legado para Funkadelic lo dejó en 1971 con la inmensa 'Maggot Brain', un emotivo solo de guitarra de 10 minutos que sin duda pasará la historia por su calidad y derroche de sentimiento. Después de realizar aquella obra maestra se sumió en una semioscuridad creativa, haciendo apariciones esporádicas y colaboraciones puntuales.
Para 1977, y cuando nadie esperaba nada de él, sacó este disco. Un álbum donde podemos observar sus enormes dotes para la improvisación y apreciar su cuidada habilidad para tocar la guitarra. Las covers de 'California Dreaming' y 'I Want You' son de lo mejor del disco, ya que al ser los temas más largos es allí donde podemos evaluar la técnica de Eddie Hazel con mayor precisión. El resto de los temas están bien, aunque puede que alguno resulte un poco flojo y repetitivo. Hay que considerar que era un artista en horas bajas, y apenas pudo ofrecer algún destello de calidad en ciertos momentos.
Hemos añadido también algunos bonus tracks que originalmente no fueron incluidos en su día. De ahí destacamos la canción 'Lampoc Boogie' y sus 11 minutazos de pura magia.
En definitiva, un disco para apreciar el derroche de calidad que nos brinda aquí Eddie Hazel. Esperamos que disfrutéis de esos increíbles solos de guitarra tan especiales. Sin duda puro sonido funk de los 70.
Los Temazos: California Dreamin', I Want You (She's So Heavy), Lampoc Boogie
En el verano de 1967 Otis Redding triunfaba ante 55.000 personas en el festival de Monterrey, junto a estrellas del rock de la talla de Jimi Hendrix o The Who, situándose en aquella época como una de las mayores estrellas musicales del momento. Unos cuantos meses después, siendo el indiscutible rey del soul, grababa la canción 'Sitting On the Dock of The Bay', en la cual se adivinaba un cambio en su estilo musical. Ese tema suponía una variación de su tono habitual, creando un estilo novedoso, que él mismo denominó como 'folk-soul'. Es por tanto que Otis Redding tenia un presente excelente y un futuro prometedor, pero ápenas un mes despues de grabar 'Sitting On the Dock of The Bay' moría en un accidente de avión mientras se dirigía a dar un concierto.
Esa canción, debió de haber sido un cambio y un nuevo comienzo para la carrera de Otis Redding, pero resultó ser su testamento. Unos cuantos meses después se editó este disco póstumo que incluía sus últimas grabaciones y algunos directos. En conjunto se le considera uno de sus mejores álbumes al incluir sus últimos éxitos inéditos y otras grandes canciones.
Murió a la edad de 26 años, sin haber tenido la oportunidad de conocer el éxito masivo, ya que al poco de morir tuvo su primer número 1 en las listas. Fue una terrible pérdida para el mundo del soul y la música en general, y este disco su mejor legado. Esperamos que lo disfrutéis.
Los Temazos: (Sittin' On) The Dock of The Bay, Let Me Come on Home, Open the Door, I'm Coming Home, Tramp